sábado, 24 de marzo de 2018

Soylent Green o cuando el colapso nos alcance



Cuando el destino nos alcance es una película que representa con criteriosa exactitud lo que nos depara el destino de la humanidad. Si se considera el año de la publicación de la novela de Harrison, la cual es la base literaria de la película, 1966, con muchos años de antelación se advertía lo imparable: el colapso. Mujeres que formaban parte del mueblario de las casas (neoprostitutas), aumento descontrolado de la natalidad, hambrunas inimaginables, casas de "autoexterminio", falta de energía y, por sobre todo, una sociedad agotada mental y físicamente  para luchar por algo que no sea un poco de agua y una ración mínima de comida para seguir respirando al ras del suelo.



Si somos objetivos, sabemos que ese destino nos está a punto de alcanzar. Ese destino es el colapso de todo un entramado cimentado por siglos de construcción y cuando algo así no puede encontrar sus pilares de forma rápida, hasta el ruido de su caída provocará la muerte de millones. El marxismo debe analizar profundamente este escenario que empieza a gestarse ya en algunos lugares del mundo (paises africanos, Siria, India, Haití, etc) y que sirven para elaborar programas políticos adecuados a las  exigencias que pide la superación de un umbral . Incluso el marxismo en algún momento de la caída abrupta de la civilización deberá tener hasta una política para la antropofagia. 



Mientras la política anticapitalista especule con la llegada de ese "destino" más contribuye a acelerar ese encuentro fatídico, al continuar accionando erradamente frente al problema. Hay que ser claros con esto, no existe forma alguna de evitar lo inevitable, de contradecir las leyes de la termodinámica y de la física, de retroceder el tiempo y sus consecuencias en la materialidad,  pero si podemos dar vuelta las leyes sociales, las que no tendrán más remedio que ajustarse imperativamente a las urgencias del planeta y no al revés. El marxismo deberá poner toda la carne en el asador y arriesgarse como nunca lo ha hecho desde Marx o solo nos quedará comernos unos a otros frente a la mirada absorta de un futuro Charlton Heston.








domingo, 11 de marzo de 2018

Los revolucionarios del mundo deben con urgencia desmitificar a Lenin y a Trotsky

Gran testimonio de uno de los primeros antiestalinistas que además de correr por izquierda al propio Trotsky se le plantó de frente al mito de Lenin y su genialidad de teórico y estratega. Ante Ciliga nos había advertido de los problemas serios de la llamada estrategia soviética para la construcción del socialismo. Ella desde sus inicios con Lenin a la cabeza, ya había sembrado la semilla de la burocracia del partido. Quien no entienda estas contradicciones en la revolución rusa e intente superarla no hará otra cosa que cometer los mismos errores del pasado. No es suficiente con denunciar a la burguesía de sus responsabilidades, no es suficiente tomar el poder cuando dentro de nuestras concepciones políticas están de antemano contaminadas por una idea falsa del socialismo.

Leer la obra aquí: http://marxismo.school/files/2017/09/Ciliga.pdf

sábado, 3 de marzo de 2018

No peleamos solo contra la burguesía, peleamos también contra nosotros mismos.


En esta sociedad compleja y en proceso de descomposición, los individuos (las clases sociales por extensión) sufren también niveles de degradación inimaginables al sentido común. La sumisión de las masas es posiblemente la tragedia más grande en términos sociales que haya provocado el capitalismo. Quizás habrá que seguir investigando y estudiándose el nivel de fragilidad humana, si es que pretendemos comprender a cabalidad todos los factores que intervienen en nuestras derrotas políticas como clase explotada. 

The Push es un programa recientemente estrenado en Netflix que documenta audiovisualmente uno de los experimentos sociológicos más perturbadores que hayamos visto en la televisión. Derren Brown , mentalista que dirige el proyecto y el programa, demuestra que todos los humanos somos más ovejitas de lo que creemos. En determinados contextos de presión e impresión de acorralamiento, el individuo termina haciendo lo que los demás hacen, siguen la corriente. El experimento de Brown es desgarrador. Individuos que no son criminales son capaces de empujar al vacío a un viejo inocente, yendo incluso contra sus valores y convicciones más auténticos. 

Si trasladamos estos datos obtenidos por el experimento al plano de nuestros conflictos cotidianos, donde la política juega todas sus cartas, probablemente acerquemos la reflexión de que no combatimos solo contra la burguesía. Peleamos también contra nosotros mismos. 

viernes, 2 de marzo de 2018

La Ciencia "despolitizada" uno de los mayores enemigos de la humanidad


Uno celebra que en la radio se trabajen ciertos conceptos cruciales, como el cambio climático. Acercar al público uno de los temas más importantes para el futuro es un acto loable. Ahora bien, sorprende que el experto Vicente Barros, doctor en física por la Universidad de Buenos Aires, profesor emérito de la Universidad de Ciencias Exactas y Naturales, investigador del CONICET, se deje llevar, siendo nada menos que un científico, por el optimismo tecnocrático. Barros considera que la crisis humanitaria y ecológica es preocupante, pero que con la baja de los precios de los paneles solares hay enormes esperanzas de detener los desastres que se aproximan. Cita el ejemplo alemán en la transición a la energía limpia desconociendo u omitiendo (quisiera creer esto último) totalmente sus limitaciones y su potencial fracaso en vistas a lo necesario en tiempo y recursos para semejante transición y la urgencia de accionar en consecuencia frente a los efectos del cambio climático que acerca a la audiencia. 

Por otro lado, el problema de estos científicos es que creen que con solo exponer el problema ecológico y encontrar pruebas certeras de sus causas, el asunto estaría medio resuelto. En la entrevista, Barros aboga por una toma mayor de conciencia, la que provocará, sin más,  mayores presiones a los gobiernos lo que en última instancia solucionarían el problema. Este tipo de análisis y de aportes son los que ayudan a desviar la atención del público sobre estos temas vitales, porque son condescendientes con los gobiernos capitalistas, desaprovechando la oportunidad para decir lo que hay que decir en momentos como este. No es el humano el que está arruinando los mares, ríos, los glaciares,  los corales, no. Es el capitalismo que instrumentaliza al humano para erigirse como único sistema político y civilizatorio y al que no le importa nada si no es para lucrar. Pero Barros (y los conductores del programa de radio) no lo dice. 
Cuando uno termina de escuchar con atención un programa así y resulta que el científico te plantea que los cataclismos serán "normales" y recurrentes en estas décadas y que, sin embargo, hay esperanzas de que con mayores presiones a nuestros gobiernos y con más inversión en tecnología de punta no habría tanto de qué preocuparse, uno termina entendiendo por qué colapsaremos inevitablemente. Un científico con todo lo que sabe no puede decir semejante estupidez, en el fondo de sus conocimientos sabe que en lo que nos queda de vida en el planeta, la humanidad o logra el socialismo como única forma de adaptación a la naturaleza que resta o se extingue. 

La ciencia debe dar la batalla más audaz que haya dado en toda su historia, la batalla contra su cooptación capitalista en aras del futuro de la humanidad y, por lo tanto, de su existencia como disciplina. 

  

http://www.radionacional.com.ar/que-significa-el-cambio-climatico-y-que-consecuencias-puede-tener/

miércoles, 7 de febrero de 2018

El arte de decir adios al proletariado


En la serie  Philip K. Dick's Electric Dreams, en su capítulo llamado Autofac, la fábrica es el enemigo y no los patrones. Ya no hay obreros, solo drones y sistemas automatizados de producción. La fábrica produce y produce aunque el mundo colapsa, aunque las guerras hayan extinguido a miles de millones de consumidores. Simplemente no puede dejar de fabricar porque fue diseñada para no hacerlo. Se fabrica, se contamina, se condiciona el futuro, todo sea por continuar con la civilización que le dio vida a la fábrica y a sus tecnologías e inteligencia artificial, la cual dirige la batuta. En el capítulo de la serie, la lógica desarrollista llegó hasta las últimas consecuencias y se llevó por delante toda humanidad, casi sin dejar rastros. Distopía si las hay. El mundo quería progreso, y progreso tuvo, pero un progreso que terminó ahogando al humano entre sus inventos y lujos.

Si lo comparamos con  el plano de la realidad, los obreros del mundo siguen al pie de la letra los mismos algoritmos que aquellos drones y robots de la serie, siguen poniendo la fábrica en funcionamiento sin preguntarse hacia dónde vamos. Convencidos de que no hay otra cosa cosa que hacer  por el momento, más que mejorar las condiciones laborales, el proletariado es un robot del capital, que no se cuestiona que su tarea le permite a la fábrica (aquí sí todavía hay patrones) gastar los pocos recursos que le quedan a la tierra, así como colaborar en contaminar de modo siniestro el medio ambiente.  Andre Gorz había anticipado un "adiós al proletariado", desde una visión marxista. En ella afirmaba que las contradicciones insalvables del capitalismo solo se superarían luchando por el derecho a la autoproducción, como derecho fundamental de las comunidades de base de producir ellas mismas una parte al menos de los bienes y servicios que consume, sin tener para ello que vender su trabajo a los detentadores de los medios de producción ni tener que comprar bienes y servicios a terceros. La lucha sería contra el valor de cambio, por la reivindicación del valor de uso del tiempo. Sin embargo,  el sindicalismo tradicional no está por la abolición del trabajo, está para defenderlo. Y más si los que la agitan son los pocos profesionales (lo que más ganan entre los trabajadores) o simplemente los que lograron obtener uno en una sociedad del desempleo. A esto hay que sumarle que estos trabajadores no profesionales son reducidos por la automatización a complementos de la mercancía que ni siquiera se identifican con el trabajo y, por lo tanto, con la clase obrera,  Ahí radica una de las contradicciones más sutiles de cómo el marxismo tradicional encara la coyuntura actual de la crisis terminal del capitalismo, que trae en la cola emponzoñada un colapso descomunal de la civilización. ¿Cómo vamos a luchar por el socialismo teniendo como punta de lanza solo mantener los puestos de trabajo, cuando son esos mismos puestos de trabajo el problema central de la degradación ambiental y psicológica de los humanos?

En la serie, los restos de humanidad que sobrevivieron entendieron que la fábrica debía destruirse, eran esos restos o la fábrica. Con el nivel de derroche, contaminación, depredación y alienación que hoy produce la fábrica moderna en la realidad,  la vanguardia obrera está  un paso atrás de aquellos personajes de ficción ideados por Philip Dick; si pensamos que las fábricas solo hay que expropiarlas, cuando en realidad hay que destruirlas en su mayoría por los daños que traen consigo y que amenazan con extinguirnos, es que no hemos entendido nada del momento peligroso en que transitamos o porque subestimamos el problema. Pero como poco y nada se está haciendo para idear un mundo sin fábricas, donde el militante y activista, que dicen ser los más conscientes de la clase obrera, reducen sus papeles a levantar consignas del siglo XX, donde los daños a los ecosistemas, la escasez de agua y recursos no estaban ni en las charlas de café, ¿qué podemos esperar? Los jinetes del marxismo optimista creen sin embargo que las catástrofes que le anticipa la ciencia  solo se dan en las películas por el momento; los marxistas menos fanatizados, por nuestra parte, creemos que los Philip Dick tienen más argumentos y mejores estrategias para intentar comprender por qué vamos a caer en un embudo y qué es lo mejor que podemos hacer si es que queremos tener alguna oportunidad. Así como Pirandello pensó que habían personajes de ficción que buscaban un autor que representara su historia en una obra, creo también que estos personajes de Dick nos están  buscando para ser representados en nuestra obra -espero  que no sea póstuma.

sábado, 27 de enero de 2018

La ciencia le pone el cronómetro en la mesa a la izquierda anticapitalista



Frente al inexorable declive del petróleo, hay distintas posiciones. Los que lo reconocen pero no están pensando en cómo resolver los problemas futuros, los que no lo reconocen directamente y los que reconociéndolo están anticipándose en idear respuestas a este enorme estallido que significará la pérdida irremediable de disposición de la energía para la supervivencia de la vida humana. 

Los dos primeros casos, los inmediatistas (aquí entra la mayoría de la izquierda anticapitalista) y los negadores respectivamente, no interesan para el análisis, más que para criticarlos por su silencio cómplice frente a la demencial situación que nos lleva el capitalismo. En el último grupo están estos científicos, como los del artículo, que hacen previsiones a través de modelos de proyección basados en investigaciones de décadas, para pensar de cuánto tiempo y recursos disponemos para cambiar la matriz energética en lo que pronto llamaremos mundialmente transición energética inevitable. 

Para estos científicos, dicha transición será de una exigencia más que importante (con capitalismo en pie sencillamente estamos muertos) : 

"De acuerdo con nuestras estimaciones, el coste energético de todas las infraestructuras que tendrían que soportar la transición renovable que se necesitarían en los próximos 25 años es de 160.500 millones de barriles equivalentes a petróleo. Teniendo en cuenta que hoy en día se consumen unos 35.000 millones de barriles al año, esta cantidad es bastante impresionante, ya que representa unos 5 años de la producción total de petróleo actual (asumiendo que ésta fuera energía neta, que encima no es el caso). Expresado en términos diarios, el coste energético de la transición representaría 17,6 millones de barriles diarios durante los próximos 25 años, lo cual es obviamente muchísimo (es aproximadamente el 22% de la energía neta de todos los líquidos del petróleo que se producían en 2015)".

Si reconocemos que la proyección que hacen estos científicos es correcta, la pregunta que debemos hacernos los revolucionarios es ¿podemos continuar defendiendo un programa político que no tiene integrado la caracterización de lo que más arriba se afirma? La comunidad científica ya en este preciso momento nos está poniendo el cronómetro para la toma del poder, y nos está obligando a prepararnos para una transición histórica, monumental, jamás vista, que de no hacerla  todo estará liquidado. Los anticapitalistas que dicen que el socialismo nos traerá como por arte de magia la remodelación absoluta de la matriz energética a través de las energías limpias, deberían ponerse a trabajar desde ahora, porque no habrá socialismo si seguimos siendo derrotados en cada lucha que damos. Tendremos que reeducarnos todos para lograr adaptarnos a la nueva realidad donde la energía escasa será la norma. Pensar que recién cuando tomemos el poder los trabajadores nos pondremos a ver cómo nos organizamos es un despropósito con semejante realidad al acecho. 




http://crashoil.blogspot.com.ar/2018/01/la-transicion-renovable-en-un-escenario.html

viernes, 19 de enero de 2018

Como decía Marcuse, el socialismo postindustrial será femenino o no será


Con una mayor aceleración de la entropía planetaria, se hace necesario repensar la sociedad posindustrial que deberemos construir. En una sociedad así, la racionalidad económica no puede ser la guía como ha venido siendo en nuestras sociedades occidentales. La búsqueda de actividades autónomas y de valores no económicos deberán ser el norte de esa construcción. Mientras que hoy algunos defienden abandonar los hogares para cambiar el mundo vía salario de por medio, con una sociedad en colapso tal consigna perderá todo su valor. En este preciso momento, el planeta exige una revolución no solo política, sino cultural. Empezar a desmarcarse de los principios de la competencia, acumulación y rendimiento para comenzar a poner en ejercicio los de reciprocidad, ternura, gratuidad y amor a la vida en todas sus formas, es base y condición sine que non para aquella sociedad del futuro. Y la que mejor puede ayudarnos a los humanos en las próximas décadas de crisis total es como dice Alain Touraine, la mujer:

“El movimiento feminista es un movimiento de liberación no de las mujeres sino de los hombres por las mujeres. En efecto, uno de sus aspectos más importantes, es que se opone a los modos financieros y militares, al poder del dinero y de los grandes aparatos, y que reivindica en nombre de una voluntad el organizar su propia vida, de trabajar relaciones personales, de amar y ser amada, de tener un hijo.
De todos los movimientos, es el movimiento feminista el que mejor resiste la creciente influencia de las grandes empresas sobre nuestra vida cotidiana. Solo las mujeres han preservado en ellas lo que el poder machista dominador aplasta en los hombres. Debido a que han sido totalmente excluidas del poder político y militar, las mujeres han logrado mantener vivas las capacidades relacionales que han sido amputadas a los hombres por los aparatos – o que los hombres mismos se han amputado en beneficio de estos.

Gracias al movimiento feminista, los hombres hemos ya recuperado algunos derechos en lo que se refiere a los sentimientos, a las relaciones con el hijo, etc. Y esto que es ante todo una defensa cultural puede devenir una lucha propiamente social y política contra este mundo de managers y empleados, contra esta vida en la que uno se pregunta finalmente si sirve para algo más que hacer funcionar la máquina”. 

Los signos irrefutables del colapso


Ciudad del Cabo es la primera ciudad ostentosa que empieza su agonía hacia el colapso. Millones de personas que vivían en el confort de una sociedad moderna comienzan su "guerra" por el agua. Si bien esta guerra por el líquido vital no es nueva, porque muchos desclasados del mundo ya lo vienen haciendo hace tiempo, lo significativo de este hecho es que se inicia un proceso de disputa mundial de todas las clases sociales por el agua y que, además, pondrá en desarme a enormes ciudades como la de Ciudad del Cabo, que por su ubicación y las condiciones que impone el cambio climático no tiene esperanza de sobrevivir. Esto provocará guerras internas y expulsiones y muertes, previas a la muerte misma de esta ciudad. Si esto no es el comienzo del colapso ¿qué es? Más nos vale que tomemos conciencia de que ya no son amenazas, son los primeros ladrillos del inicio del derrumbe.

https://www.bbc.com/mundo/amp/noticias-internacional-42742476

martes, 16 de enero de 2018

Se viene el internacionalismo de la contaminación plástica



China a sabiendas de la terrible situación de contaminación que implica el reciclaje de plásticos ha determinado en este enero de 2018 dejar de importar un gran porcentaje de basura extranjera. Si sabemos que China importa nada menos que la mitad de mugre plástica del mundo (10 millones de toneladas solo en 2017), imaginemos el colapso de los vertederos "tradicionales" de los países de origen basural. El aumento de la contaminación de nuestros países es un evento inevitable, entre otros problemas que acarrearán el proceso de reciclaje de este tipo de desechos. 

¿Qué pasaría si China dejara de exportar todo el plástico residual que el mundo capitalista le vive agradeciendo? Simplemente cada país tendría que buscar (forzar a) nuevos países o sus propias regiones geográficas que ofrezcan trabajo esclavo e insalubre para reciclar, aumentando la contaminación en forma más expansiva que la que hacía China en su espacio y con su pueblo. Una especie de internacionalismo de la contaminación plástica. 

Mientras el capitalismo siga con su lógica del consumo serial y de derroche, se nos van acortando las verdaderas chances de no ahorcarnos como especie. Nuestra sociedad colapsa frente a nuestros ojos cada dia con cada nuevo problema, donde el sistema ya  no le estarían quedando elementos suplentes para sostenerlo. Si el capitalismo continúa esta década, o nos vamos muriendo contaminados con las nuevas plantas recicladoras o nos ahogamos con la basura plástica. 

https://crashoil.blogspot.com.ar/2018/01/el-tsunami-de-plastico.html

miércoles, 10 de enero de 2018

El manifiesto del Unabomber se está volviendo más útil que el manifiesto comunista


17 años tuvo a la FBI en zozobra, un solo profesor en una cabañita desolada en Montana. Desde allí libró una importante y efectiva batalla cultural al capitalismo industrial. Logró sin ayuda de nadie, algo que las organizaciones anticapitalistas que con todos sus recursos no pudo ni puede, que le publicaran en los dos diarios más importantes del imperialismo, el New york times y The washington post, un documento que destroza a la sociedad industrial toda.
Theodore Kaczynski, apodado el Unabomber por la CIA, además de dejar en ridículo al servicio de inteligencia más poderoso del planeta, aportó para el debate político mundial algunas cuestiones más que trascendentales para la época en que transitamos. Una de ellas es qué debe hacer la sociedad con la tecnología. El capitalismo dice que hay que seguir desarrollándola en beneficio del capital; un grueso de los anticapitalistas dicen que también hay que profundizarla, pero en beneficio de los obreros. Kaczynski, sin embargo, acercándose a los postulados de los primitivistas, afirma con argumentos bastante sólidos que ninguna de esas opciones nos salvará del desastre, porque la técnica es parte del problema. La salida vendrá, aunque con problemas también, solamente destruyendo la tecnología (una especie de “muerte a la tecnología”). Esto quiere decir, que el uso de la tecnología supone un control progresivo de las libertades humanas y de sus recursos en aras de su perfeccionamiento, un círculo vicioso imposible de superar si es que realmente se pretende organizar la sociedad en base a la tecnología.  Dicho de otra forma, las sociedades dependerán cada vez más no de sus individuos, sino de lo que las técnicas decidan, de lo que el sistema organizativo plantee como efectivo. Algo que la mayoría de la izquierda mundial pasa por alto, y que además tiene como herencia un legado que corrobora este uso alienado de la tecnología (por ejemplo, El Mar de Aral en manos del socialismo ruso). Esta situación  ya se da a escala global, donde la gente vive para el sistema y no al revés. 
En el manifiesto hay interesantes pinceladas temáticas que sirven para ayudar a caracterizar el precolapso, que van desde los límites de la sociedad industrial,  cómo funciona la izquierda y sus gruesos problemas de incomprensión de la situación planetaria, hasta la tan relegada problemática de la psicología de las masas y su vínculo con la política. En fin, un texto para leer con atención, por el grado de compromiso de su autor y la enorme coherencia y lucidez con que se analizan los verdaderos problemas de la humanidad.


sábado, 6 de enero de 2018

No es el frio o el calor lo que nos está matando, es el capitalismo y sus consecuencias ecológicas


15.000 científicos alertan de que el colapso es inevitable, pero seguimos creyendo que todo seguirá igual. Vamos al matadero directo como bacas, pero nuestras ideas y políticas siguen adaptándose a un mundo que está por desaparecer por completo.  La urgencia es tal que quizás los problemas que se nos vienen encima nos amenazan con hasta aniquilar el propio sentido común. ¿Cuánto debemos esperar para que las organizaciones políticas se pongan a discutir el tema? ¿Cuántas firmas y estudios se necesitan para entender que con estas formas de lucha política que se vienen sosteniendo autistamente no vamos a logar más que contribuir con nuestra extinción?  

http://scientistswarning.forestry.oregonstate.edu/sites/sw/files/Spanish_Version_11-13-17.pdf

martes, 2 de enero de 2018

Michael Ruppert, un ex policía que sabía lo podrido que estaba el sistema más que cualquier zurdo




Michael C. Ruppert, fue un policía norteamericano que luego de transitar por la doble cara de la institución policíaca, la que se presenta como honesta frente al público y a sus agentes,  y la que es en el plano de realidad,  la corrupta, se convirtió en un periodista de investigación al no poder manejar esas contradicciones. Comienza allí su aprendizaje sobre el colapso. 



El documental en cuestión es una larga entrevista a Ruppert, quien presenta un argumento sólido y contundente (como devastador) de la verdadera situación mundial de la energía y la necesidad urgente de prepararse para enfrentar la caída abrupta de toda la civilización.  



Hay algunas consideraciones destacables y que abren el debate. Por ejemplo, la que gira en torno a las tareas de los partidos políticos en un escenario de declive energético, que para Ruppert ya mismo estos, de izquierda a derecha, debieran ser arrojados el basurero de la historia. En ese sentido, creo que si nuestros partidos políticos hoy no se sientan a discutir seriamente sobre un nuevo plan de acción que tome en cuenta que en los próximos años no tendremos una sociedad organizada como lo está hoy, le terminarán dando la razón a Ruppert. Otra consideración es la de cómo plantear (en qué términos) el tema del colapso cuando el destinatario solo está preocupado por cuestiones inmediatas. La anécdota de Ruppert sobre esto último vale más que mil ejemplos : ´cuando yo estaba explicando mi teoría apocalíptica alguien me gritó: “bájate de ahí que necesitamos la madera”, como si yo fuese un mesías clavado en una cruz´. Ahí radica un problema muy recurrente en la izquierda anticapitalista, que tiene que ver con presentar a todo aquel colapsista como antimarxista y como iluminado (peyorativamente)  por el solo hecho de argumentar las limitaciones del reduccionismo interpretativo de la ortodoxia partidaria, cuando los partidos autoproclamados anticapitalistas contribuyen también -indirectamente- a depredar ("necesitamos la madera") los recursos con sus claudicaciones, traiciones, políticas insuficientes o incorrectas, manteniendo de alguna forma la maquinaria industrial y destructiva capitalista. Por último, la metáfora que utiliza Ruppert para hipotetizar lo que habrá que hacer cuando el colapso muestre su peor rostro es perturbador pero no por eso menos posible: “Si estás en un camping y un oso ataca no necesitas ser más rápido que el oso. Te basta con ser más rápido que el más lento de los campistas”. Como bien lo expresa Ruppert, nadie, ni siquiera la organización mundial podrá cambiar las leyes físicas. La entropía hará su trabajo muy a pesar nuestro y, en ese sentido, lo único que podremos hacer es organizarnos localmente para idear la supervivencia.




viernes, 29 de diciembre de 2017

La crisis de la civilización no puede analizarse solo desde el marxismo


Uno de los problemas a los que enfrenta el hombre político es la perspectiva desde donde se pretende ubicar para el análisis. Las crisis han venido siendo los momentos clave para poner en práctica los dispositivos múltiples para operar políticamente en la realidad. Si para todas las anteriores los análisis han devenido en yerro permanente, salvo contados casos, es de suponerse que para la madre de todas las crisis, el colapso de la civilización, los resultados serán aún peores.
Es necesario incorporar nuevas variables (que son fundamentales y determinantes incluso) para los proyectos políticos futuros. No se trata de pensar el socialismo solamente desde los libros de Marx o de los rusos de siempre, se trata de comenzar a inspeccionar las verdaderas posibilidades de construir un socialismo a lo ruso, cuando el escenario que se aproxima no tendrá para nada  las condiciones que hace cien años había. La perspectiva que tenían aquellos hombres de la política revolucionaria no puede ser de ninguna forma la nuestra. Se han sumado en el camino de nuestros fracasos unos "problemitas" importantes que deben considerarse  con el riesgo de que todo nuestro proyecto político se esfume para siempre. Hoy no se trata solamente de incluir a los excluidos, de dar de comer a los hambrientos, de dar tierras a los desposeidos, es eso y "algo" más. Las condiciones para la vida se vienen reduciendo a escalas nunca antes vista, debido a un proceso de autoliquidación que propuso el sistema económico capitalista,  pero que también inició paralelamente un proceso de liquidación de otros sistemas, los ecosistemas. El pensamiento socialista ya no puede creer que la promesa de ese mundo soñado por varias generaciones ya,  está a la vuelta del derroque del capitalismo. No, no lo está para nada. El mundo se enfrentará a otras degeneraciones del capitalismo sin lugar a dudas, antes que se logre construir un socialismo como los socialistas ideamos en nuestras convicciones, si es que algo así puede hacerse ya con estos umbrales casi superados. Esto a raíz de la complejidad colosal de la crisis civilizatoria, que va desde la inestabilidad eterna de la economía de aquí en más, el  drama de la inmigración mundial a causa de la crisis ecológica, el terrorismo como salida desesperada, la pérdida progresiva de la energía, así como las ya históricas rebeliones políticas que no cesarán más.

Este documental, bastante básico por cierto, sirve para aquellos iniciados en la cuestión del perspectivismo político. Para arrancar y arrancarse los yugos ideológicos de toda clase, que no dejan operar el pensamiento multidisciplinario (lease aquí antisectario).