jueves, 7 de diciembre de 2017

La humanidad y su responsabilidad en el camino a la barbarie.

La madre naturaleza no puede corromperse nunca, es impoluta. Aunque la sometan a los más crueles tratos, a pesar de que observe estupefacta como de un magnífico sistema cosmológico surgen actos increíblemente irracionales de seres vivos racionales (la capacidad, la tienen), aunque sienta el dolor de que no la aman y la tomen como un mero soporte para la vida de los demás, ella, la madre naturaleza, sigue su marcha con total fidelidad a sus principios universales, de generar las condiciones para la vida y la armonía, tapando agujeros, parchando los daños de otros, buscando siempre que todo no se desmadre, porque ella también necesita vivir.
Hasta ahora la tierra ha venido dándonos infinidad de oportunidades para vivir en consonancia con los presupuestos ecológicos, sin embargo, en estos dos últimos siglos estamos gastando todos los cartuchos en balearla por todos sus costados, y la madre tierra se desangra.

Son los humanos los que se funden en la corrosión del tiempo y sus decisiones políticas, los que adelantan su muerte y la de los otros. Son los hombres los que han creado a todo tipo de dioses y que adoran todo tipo de aberraciones con sus pensamientos religiosos cada vez más decadentes.  Esa es nuestra historia y la de esta impresionante película de Darren Aronofky , una  brutal poética de la historia de la humanidad, como la del soporte heroico de la Madre tierra. Una muestra artística de lo que será la barbarie apenas nuestra madre así lo disponga. Amén.

viernes, 1 de diciembre de 2017

" Debemos tener un cambio sistémico o morir"

" Debemos tener un cambio sistémico o morir" dice el artículo, una especie de consigna marxista de "revolución o muerte". Pero este artículo no corresponde a un diario de izquierda.


Es sintomático que un medio burgués como Clarín replique un artículo que responsabiliza al capitalismo del desastre ambiental y que aboga por el fin de este sistema desquiciado. Lo que ocurre es que es imposible negar la trascendencia política del fenómeno natural llamado cambio climático y sus consecuencias para la vida en la tierra. Cuando las alertas científicas han sonado casi por completo, el miedo comienza a permear por todos lados. De a poco iremos viendo seguramente a ciertos sectores capitalistas acorralados por los efectos tremendos de la crisis ecológica, y no tardarán en presentarse como ilustres luchadores por el ambiente. En ese contexto habría que ubicar a este artículo.

En la nota del New York Time que el diario Clarín publica se dice algo muy importante. El cambio del sistema capitalista no lo estaría fogoneando las contradicciones de clase, sino el peligro real y fáctico de la extinción masiva que pesa sobre nuestras cabezas y la de todos los seres vivos del planeta. Los revolucionarios del mundo estamos viviendo atrasados por lo menos cien años de lo que nos exige la actual coyuntura. Vivimos en un callejón sin salida, donde pelear solamente por las condiciones laborales  a su vez nos coloca como colaboradores de la continuidad del régimen capitalista y sus consabidas consecuencias para el daño ecológico, porque de eso se trata el problema, que no tenemos más tiempo para darle continuidad al sistema productivo depredador. 

Ese es el problema central que tenemos hoy, el de convencer al proletariado y campesinado mundial de que hay que extirpar con urgencia el cáncer capitalista antes que sea demasiado tarde. Todo un desafío político y cultural, donde muchos de los partidos anticapitalistas en vez de ser vehículo para la organización de semejante demanda de época, son bastiones del dogmatismo que operan políticamente para frenarla, escudándose en la falta de condiciones para la revolución, como si esta solo se diera por una receta inmutable. La crisis ecológica tira por tierra esas condiciones, ya que si tuviéramos que esperar que se den las condiciones subjetivas y objetivas clásicas del marxismo en todo el planeta, lamentablemente no tendremos oportunidad alguna. La tarea es titánica, pero no hay alternativa. Cuánto más dejemos a un plano secundario la crisis ecológica de los debates políticos más contribuimos a perder margen de maniobrabilidad para la supervivencia nuestra y de las próximas generaciones.




https://www.clarin.com/new-york-times-international-weekly/?url=%2Fclarin%2Fstory%2Fcontent%2Fview%2Ffull%2F77234

viernes, 24 de noviembre de 2017

La cuestión del género y el colapso

Para ir sumando caracterizaciones sobre lo que debe importar verdaderamente en nuestra crisis global, una entrevista a Clive Echagüe Alfaro sobre los vínculos entre género, problemas migratorios, cambio climático y colapso.


https://es.scribd.com/document/359279076/Ge-nero-Problema-Migratorio-Cambio-Clima-tico-y-Colapso

martes, 21 de noviembre de 2017

La fe de Geostorm en la tecnología, como la de mucha izquierda


La película Geostorm, a pesar de que apunta a reflexionar sobre los peligros reales del desequilibrio climático, tiene en su contra la promoción que lleva adelante de activar en el espectador la fe en las tecnologías para controlar el cambio climático.  Algo que solo tiene sustento en los chantas y los capitalistas que están atrapados en la lógica del mercado. Su visión no es utópica,  más bien es liquidacionista, al colaborar desde el aparato cultural a desarrollar esa postergación para diseñar planificaciones y acciones efectivas para la terrible crisis que enfrenta la humanidad de aquí en adelante. Esa esperanza religiosa en la tecnología es un síntoma de una época en descomposición. La película es tan pobre en el análisis del problema que plantea que un tipo, experto en alguna ciencia, puede, sumando y restando, ordenar nada menos que los miles de ecosistemas planetarios y sus reveses sociales y políticos. Esta es la venta de humo que tiene el cine mercenario para calmar los nervios de las poblaciones que empiezan a vivir en carne propia las catástrofes. 

No solo en el futuro inmediato dejaremos de creer poco a poco en estos chantas, sean estos de derecha o de izquierda, que caracterizan un mundo en peligro pero en el que todavía se puede revertir el desequilibrio, sino también que comprenderemos que esta vez estaremos obligados a organizarnos para establecer las mínimas condiciones de supervivencia so pena de extinguirnos más rápido de lo que esperábamos. 

Cada vez con más frecuencia y peso político y cultural se viene instalando la cuestión del cambio climático como eje de debate; pero el mensaje que se viene elaborando desde casi todos los ángulos (salvo de las excepcionales caracterizaciones de ciertos sectores científicos y ecosocialistas) baja la linea de la pasividad, aunque advierte el peligro discursivamente. 

Una película -o una política- que intente reflejar su comprensión real de qué tipo de desastres nos enfrentaremos debe tener en cuenta que existen determinados umbrales que una vez superados no existe ninguna "magia" (léase aquí "ciencia" para los negadores del colapso) que lo revierta. Y en el planeta existen algunos umbrales que ya han sido rebasados y que no son tomados en cuenta para elaborar reflexiones y, mucho  menos, políticas serias al respecto. Como en la película, algunos apologistas de la salvación de la civilización, y aquí entran muchos socialistas inclusive, creen que en el futuro con algunos paneles solares, autos eléctricos, y alguna disposición de la ciencia en manos de algunos genios (burgueses u obreros) sobreviviremos sin mucho drama. Para estos no le  cabe otro calificativo que el de necios, y,  a la película, tomates podridos.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Próximamente, Jago (el hombre del mar) será más valioso que Marx en un mundo colapsado



Jago, el maestro, es un hombre de 80 años que todavía caza en las profundidades del mar en Indonesia para sobrevivir. Mientras algunos creen que el futuro próximo seguirá subordinado al avance de la tecnología, estamos los que, sabiendo del declive inexorable de nuestra civilización opulenta,  pensamos que deberemos recurrir a las enseñanzas de estos hombres que nunca abandonaron su relación intrínseca con la naturaleza para enfrentar un mundo devastado por la crisis ecológica y civilizatoria a causa del capitalismo .

A pesar de las críticas de muchos "entusiastas", prepararse mental y teóricamente para el colapso no es una arista del romanticismo tardío; más bien es una decisión coherente con los últimos datos objetivos dados por el avance de la barbarie a nivel planetario. Sobran los estudios para comprender que de no voltearse el capitalismo en esta década, el futuro caótico es inexorable.

Jago, siendo un excluido del sistema, viviendo totalmente alejado de las discusiones actuales, está más preparado que cualquier cuadro intelectual de cualquier partido revolucionario del planeta para enfrentar la extinción masiva; y esto se debe a una sola ventaja: su comprensión de su rol en el ecosistema.

La humanidad tiene un grave problema, comporta un número excesivo y casi imposible de dirigir y controlar. Tal complicación se acrecienta a su vez por la total ignorancia de la gravedad de la situación planetaria, tanto de sus dirigencias como de los millones de hombres que sin pensarlo contribuyen con sus trabajos a cavar una fosa común para todo lo que tenga vida en el planeta.

Con la futura muerte de Jago, uno de los últimos hombres del mar que quedan, la humanidad tiene menos esperanzas de sobrevivir. Nos pueden hablar de Marx, de Lenin, de la revolución rusa, de los avances de la tecnología y la ciencias computarizadas, pero Jago es uno de los que más nos puede enseñar a sobrevivir para el mundo que se viene. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Estamos más cerca de Mad Max que de la Revolución Rusa



Hoy se celebra hasta el empacho el centenario de la Revolución Rusa, hecho histórico de trascendencia mundial para los obreros que combatimos al capitalismo.  Sin embargo,  no es tarea principal de la clase obrera remitirse al pasado, sino mirar el presente y, especialmente, el futuro. No nos debe importar tanto lo que ocurrió hace 100 años, sino lo que vendrá. Por supuesto que hay que preguntarse sobre los aciertos y errores (esto último no suele hacerse seguido en los partidos trotskistas)  de aquella impresionante ola revolucionaria, pero la pregunta epocal es otra. Lo que la clase obrera debiera preguntarse ya mismo es cuánto tiempo dispone para tomar el poder y dar vuelta definitivamente el régimen capitalista. No hacerse esta pregunta, siendo un obrero consciente, es convertirse en un religioso. Si el tiempo y las oportunidades se dilapidan como hasta ahora, los obreros del mundo deberán buscar estrategias en Mad Max más que en la Revolución Rusa. Menos historicismo y más praxis revolucionaria, que según los expertos el 2050 está a la vuelta de los homenajes.



https://elpais.com/elpais/2017/11/06/ciencia/1509924058_409061.html?id_externo_rsoc=FB_CC

sábado, 4 de noviembre de 2017

Baraka de Ron Fricke, una joya visual que premoniza nuestro colapso


En 1992 aparece una película visualmente fascinante, sin voces y solo acompañada de la música de Michael Stearns. Un viaje poético por las enormes contradicciones humanas en un mundo que intenta la armonía pero que se topa con el capitalismo, fase superior de la destrucción natural. Pueblos originarios libres y respetuosos del medio ambiente; asalariados superexplotados que se rinden a la sociedad del consumo y las esclavitudes del urbanismo. Hombres que juegan a ser dioses, y hombres que rezan a los dioses. Una obra majestuosa y reflexiva, que anticipaba los debates actuales sobre la posibilidad del colapso civilizatorio. 




martes, 3 de octubre de 2017

"Punto de no retorno" como eufemismo para no hablar del colapso



Mariano Rosa no habla de colapso en términos estrictos en este artículo, pero lo reconoce tácitamente al decirnos en su periódico militante que el "punto de no retorno" supone desde cualquier ideología (no solo desde la visión marxista) la destrucción total. Esta definición política es claramente progresiva y se celebra viniendo de un partido que se declara anticapitalista. Sin embargo, parece que cuesta mucho que esta palabra "colapso" empiece a aparecer en las caracterizaciones de nuestros partidos anticapitalistas, y es una cuestión que nos deja absortos frente a esa negativa  a tomar en cuenta las abundantes estadísticas, datos, informes, libros, artículos, o la misma realidad con sus hechos verificables que advierten la imposibilidad de detener la caída de nuestra civilización, aún con la esperanza en las revoluciones triunfantes. 

Estamos de acuerdo con Rosa y con Marx que los oprimidos y explotados debemos destruir el estado y no administrarlo, pero ni aquel ni este nos mencionan que puede darse el caso de que las futuras revoluciones -alcanzado el punto de no retorno- no podrán destruir lo que ya estará destruido. Es ahí donde empezamos a ubicarnos, en ese contexto de total incertidumbre , donde la humanidad se encontrará acorralada por la imprevisión y el espontaneismo. 

El MST como cualquier partido político que exponga su preocupación por la crisis ecológica no puede solo manifestar el ideal que se persigue para enfrentarlo, también debe (porque es una posibilidad seria latente) presentar los demás escenarios que se abren y que incluso se demuestran más cercanos. Uno de ellos es que el colapso nos encuentre como a los puertorriqueños, totalmente desprovistos y huérfanos de políticas para hacerse cargo de una posible caída total del sistema. Por ejemplo, ¿de qué serviría que los obreros puertorriqueños tomaran el poder si no pueden garantizar ni la energía y dependen de la ayuda internacional para seguir existiendo? Un partido revolucionario allí solo podría organizar la supervivencia, más no la revolución, ya que el enemigo político sería tan difuso que no estaría claro contra quien se lucharía, si es contra los burgueses supervivientes o los explotados desesperados por alimento, agua o energía. Quiero creer que no volveremos a proponer hacerle la revolución a la naturaleza (aunque como venimos en el debate puede darse cualquier cosa).

Pensar  en hipótesis como esta, suele ser tomado como futurología por muchos marxistas, para de esa manera no discutir ni cambiar nada del confort teórico en el que se encuentran. Pero pensar que la revolución socialista detendrá el colapso es para mí hacer un ejercicio de fetichismo de la teoría. Ningún partido anticapitalista ha podido argumentar sólidamente de por qué deberíamos confiar ciegamente en la revolución para detener supuestamente la crisis ecológica. Y no lo harán porque tampoco ellos saben por dónde empezar. Hagamos la revolución o no, según la comunidad científica y los hechos que se vienen observando,  el colapso no se detendrá. Esperanzar a las masas de que un gobierno obrero se cargará al hombro los incontables dramas actuales y futuros es nada menos que engañarse y engañar. Las revoluciones, si es que llegan, harán lo que tienen que hacer y eso no me preocupa. Lo que sí me impresiona es que hablemos de punto de no retorno, de crisis ecológica, del calentamiento global, de la suba del nivel del mar, del declive de los recursos, de refugiados ambientales, de catástrofes, de millones de toneladas de gas metano con peligro de liberarse, de genocidios, de centrales nucleares que son prácticamente bombas de tiempo, etc. y todavía esquivamos el término colapso como el próximo destino. Cuanto más pronto lo analicemos, lo debatamos, más y mejor será nuestra preparación política y humana. 

https://mst.org.ar/2017/09/27/huracanes-crisis-humanitaria-punto-de-no-retorno-clave-ecosocialista/

viernes, 15 de septiembre de 2017

Hasta pareciera que esta izquierda piensa y respira aires sin CO2.




Acá tenemos un ejemplo de cómo la izquierda revolucionaria se complica sola cuando tiene la posibilidad de plantear un visión estratégica frente a la crisis ecológica que atraviesa el planeta. En Argentina, la cámara de diputados  acaba de dar media sanción al proyecto de Ley de generación distribuida, la cual implicaría ofrecer la posibilidad legal de auto-abastecerse de energía proveniente de fuentes renovables y comenzar de una vez la inevitable transición hacia un cambio de matriz energética. 

La izquierda trotskysta argentina votó en contra de esta ley, pero utilizando argumentos que no son de esta época. Si bien denunciar y anticipar los nuevos negociados que el capitalismo tiene preparado para este nuevo "emprendimiento ecológico" es algo que hay que hacer desde la izquierda, no se puede votar en contra de una ley que implica reducir, aunque mínimamente, la contaminación y que además pone por fin en circulación la transición energética para los próximos años. Claro que van a lucrar como dice Pablo López (Partido Obrero), pero ¿acaso el capitalismo no lucra con la minería a cielo abierto y el fracking? En todo caso, la pelea se tendrá que dar contra el lucro, pero de ninguna manera contra las energías renovables. Y en esta votación, se va contra el lucro, pero también  quedamos a la derecha de todo el arco político al decir que solo queremos energías renovables cuando llegue la revolución socialista internacional. Traducido esto, los diputados de izquierda prefieren quedarse con la producción energética contaminante y solo denunciar la demagogia (no digo que no la haya) del gobierno y los partidos patronales, todo esto  mientras media provincia de Bs. As. está bajo agua y con un planeta al borde de uno de los procesos de extinción más grande de su historia.  O sea, pudimos haber aprovechado esa tribuna parlamentaria para presentar un proyecto de ley superador (pero de esto se está hablando recién en la izquierda), pudimos haber votado como en otras oportunidades de forma crítica, pero no contraria, en vistas de que dicha ley es de alguna forma progresiva (como lo reconoce el propio López); pero no fue así. Votamos en contra. Solo porque hay que estar en contra de la burguesía. Si realmente esta gente mantiene la dialéctica en todas sus intervenciones políticas, debería saber que esta vez la burguesía está votando una ley que con todas sus limitaciones y problemas es un paso adelante en la lucha ecológica, que si bien no va a solucionar de fondo nada, pero que en la actual coyuntura de derrotas políticas del pueblo y sin revoluciones socialistas triunfantes en puerta, propone un cambio mínimo con respecto a nuestras posiciones frente a cómo la seguimos con la energía. Por lo menos cuestiona directamente la extracción de combustibles fósiles. Con esto no estoy creyendo que la contaminación se resolverá así, porque los combustibles fósiles son solo una parte del problema, luego está pendiente cómo solucionamos la contaminación de la ganadería a escalas también superlativas y tenemos también el metano ártico  que nos tiene en vilo. 

Por eso es importante empezar a precisar caracterizaciones nacionales e internacionales en el marco de un análisis planetario (término más complejo que incluye a los anteriores). Si tomamos dicho análisis como válido estamos  obligados a replantearnos nuestras políticas cotidianas, porque decir que solo podemos estar de acuerdo con las energías renovables , por ejemplo, solo cuando tengamos un estado obrero (como si no tuviéramos también allí el problema de su burocratización), es creer que el planeta está igual que hace cien años y que no tenemos apuros. Esta coyuntura planetaria coloca a esta izquierda en lugares reaccionarios; hasta  pareciera que esta izquierda  piensa y respira aires sin CO2. 


domingo, 10 de septiembre de 2017

Nos quedamos sin arena y pronto también sin "arena política"


La arena es un recurso estratégico para nuestra civilización de la opulencia. Ella está presente en innumerables productos que van desde los cristales hasta la construcción. Incluso, ella ha sido protagonista de los últimos fenómenos climatológicos en el Caribe; el hormigón (la arena es fundamental en esta mezcla) de muchas construcciones ha permitido que mucha gente sobreviva  a los embistes de los vientos de 300 km por hora del huracán Irma. 

En una sociedad que no para de crecer en número de habitantes y que sigue creyendo en que hay que trabajar más y crecer infinitamente en productos, carreteras, centrales atómicas, concentrarse en ciudades y un largo etcétera, la arena cobra un protagonismo fundamental. Así como la energía, la arena es como el aire que necesita el capitalismo para existir. 

Sin embargo, como todo los recursos que el capitalismo ha tomado como suyos, la arena comienza su declive inexorable. Aunque se instale la cultura del reciclaje, el capitalismo no puede avanzar si no es depredando. Y ahí radica lo peligroso de nuestra actual situación mundial. El capitalismo no nos está dejando ningún recurso para esta y las próximas generaciones. Por ejemplo, la mayoría de las casas que se harán en el futuro serán sin arena (sin hormigón), lo que significa que no soportarán las cientos o miles de supertormentas que nos tiene preparado el antropoceno. 

Nos quedamos sin arena y si seguimos el mismo rumbo también nos quedaremos sin la "arena política". Los partidos anticapitalistas, más los revolucionarios, tienen que plantearse con urgencia las prioridades. No puede ser que el colapso civilizatorio no sea todavía el eje central de toda discusión política local,  nacional e internacional. Urge el llamado a la organización de las masas para enfrentar al capitalismo y su temida bestia que empieza a independizarse como fuerza histórica inmanejable (el desequilibrio ecológico).


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Si no hacemos algo el destino de la humanidad será como el del pueblo rohingya


Los genocidios serán la otra cara de la moneda del cambio climático; millones de personas serán el blanco de las políticas de exterminio de los gobiernos capitalistas, incapaces de contener ya a la población sobrante, lo cual se agravará con la caída abrupta de los recursos y los golpes de la naturaleza.

La cacería de rohingyas en Birmania en estos precisos momentos es demencial.  Hasta monjes budistas matando musulmanes, lo que quiere decir que la religión es solo un pretexto para justificar el verdadero sentido de la disputa, que no es otra que política y económica. Lo vemos en todos lados, existe un peligro latente para estas décadas, y es que frente al caos lo único que estamos preparando es una política de sálvese quien pueda, un fascismo a escala global.

http://www.elmundo.es/internacional/2017/09/05/59ae8011e2704e1e708b4597.html

martes, 5 de septiembre de 2017

Con un huracán categoría 5 ¿qué hacemos?


Si el huracán Irma tocara ahora mismo tierra la muerte y destrucción sería inevitable. Con una categoría 5, con vientos que alcanzarían los 300 km por hora, no existe forma alguna de resistir en las zonas involucradas a su paso. 

Las supertormentas dejaron de ser fenómenos climatológicos de películas distópicas para convertirse en el nuevo clima de nuestra realidad. Conviviremos con olas  gigantes, decenas de miles de muertos, refugiados ambientales, infraestructura totalmente desarticulada, enfermedades, hambre, falta de recursos, crisis politicas interminables... ¿y todavía pensamos que hay que esperar que llegue nuestro Irma para empezar a discutir cómo hacemos para organizarnos frente al desastre? ¿Qué plantea la izquierda anticapitalista frente a un escenario real como este? Nada o no responden. Para estos sectores solo nos queda denunciar al capitalismo y esperar a que las masas hagan la revolución.

Es necesario apostar también al estudio de la conformación del nuevo escenario de lucha que se nos plantea, uno que trae consigo un enemigo mortal y con el cual no podemos dialogar ni vencer: el colapso. Con la devastación no hay forma de proponer un orden, tan solo maneras de organizar el desastre. No falta mucho para que estas supertormentas traigan consigo la caída estrepitosa de varios gobiernos, de las bolsas, de las esperanzas de la humanidad en el progreso. Todo lo que hoy se construya sin pensar, será barrido. Esta es la nueva ley del postprogreso. Quienes no se acomoden a la nueva coyuntura no tienen chances de sobrevivir porque el caos los encontrará en bolas.

Que los partidos anticapitalistas actualicen sus programas y convoquen a sus militantes y a la comunidad científica a colaborar en la organización urgente de las tareas que nos permitan prepararnos para los desastres político-ambientales que empiezan a llegar con una fuerza inusitada y más rápido de lo que se creía. 

https://elpais.com/internacional/2017/09/05/america/1504571151_030026.html

miércoles, 30 de agosto de 2017

El dios de los hindúes está muriendo, pero no es Nietzche quien lo dice, sino el cambio climático



El mítico río Ganges tiene nada menos que 600 millones de hijos en sus riberas. De aquel depende la subsistencia de toda esta inmensa cantidad de seres vivos. La situación de esta gente parece que a nadie le preocupara, excepto a algunos científicos y a los que están pensando como "controlar" el posible descontrol (por ejemplo, la ONU). La cuestión es alarmante a consecuencia del cóctel explosivo que se viene dando. Uno de esos ingredientes es, como se refiere más arriba, la inconsciencia generalizada del camino a un genocidio sin precedentes. Otro es la conocida contaminación de esas aguas a niveles superlativos que se lleva la vida de miles por su sola ingesta. Y se le suma al cóctel el peor de todos los ingredientes, la desaparición inevitable del glaciar Gangotri a causa del cambio climático. Este dios hindú, el glaciar que les provee el mayor caudal de agua, se está muriendo rápidamente y no será culpa de Nietzche sino del capitalismo y su contaminación criminal.  En las próximas décadas, según los estudios científicos, la mayoría de la "nieve eterna" (esto significa Himalaya) habrá desaparecido, lo que supondrá para todo este camino de años un aluvión de dramas impensables desde la óptica conformista y negadora de la lógica occidental. El agua derretida del glaciar hará desbordar los lagos de las montañas, tales desbordes arrasarán con todo a su camino, pueblos, infraestructura, cultivos, etc. Luego vendrá la sequía y por último la extinción de lo que una vez se conoció como el río más milagroso del mundo. Pero ahí no terminaría todo, ahí comenzará el peor problema, la crisis política de los gobiernos ante la imposibilidad de controlar a un país con uno de los ejércitos de desesperados más grande de la tierra: la India. Y si a eso le sumamos que no es el único caso, sino que están las demás poblaciones como la china que dependen de estos glaciares del Himalaya, la cosa se va a poner un poquito peor. 

En fin, la vida en la tierra será todo un arte (siempre lo fue) de resistencia. Nuevas "Sirias" se dibujan en el horizonte, y cada una que se sume atraerá nuevos e inciertos problemas geoestratégicos, que finalmente llegarán de una u otra forma a nuestras puertas. No hay forma alguna de seguir creyendo en el "confort de nuestra explotación" para negar el futuro inminente, a no ser que algunos se crean  el nuevo dios de los hindúes.