miércoles, 7 de febrero de 2018

El arte de decir adios al proletariado


En la serie  Philip K. Dick's Electric Dreams, en su capítulo llamado Autofac, la fábrica es el enemigo y no los patrones. Ya no hay obreros, solo drones y sistemas automatizados de producción. La fábrica produce y produce aunque el mundo colapsa, aunque las guerras hayan extinguido a miles de millones de consumidores. Simplemente no puede dejar de fabricar porque fue diseñada para no hacerlo. Se fabrica, se contamina, se condiciona el futuro, todo sea por continuar con la civilización que le dio vida a la fábrica y a sus tecnologías e inteligencia artificial, la cual dirige la batuta. En el capítulo de la serie, la lógica desarrollista llegó hasta las últimas consecuencias y se llevó por delante toda humanidad, casi sin dejar rastros. Distopía si las hay. El mundo quería progreso, y progreso tuvo, pero un progreso que terminó ahogando al humano entre sus inventos y lujos.

Si lo comparamos con  el plano de la realidad, los obreros del mundo siguen al pie de la letra los mismos algoritmos que aquellos drones y robots de la serie, siguen poniendo la fábrica en funcionamiento sin preguntarse hacia dónde vamos. Convencidos de que no hay otra cosa cosa que hacer  por el momento, más que mejorar las condiciones laborales, el proletariado es un robot del capital, que no se cuestiona que su tarea le permite a la fábrica (aquí sí todavía hay patrones) gastar los pocos recursos que le quedan a la tierra, así como colaborar en contaminar de modo siniestro el medio ambiente.  Andre Gorz había anticipado un "adiós al proletariado", desde una visión marxista. En ella afirmaba que las contradicciones insalvables del capitalismo solo se superarían luchando por el derecho a la autoproducción, como derecho fundamental de las comunidades de base de producir ellas mismas una parte al menos de los bienes y servicios que consume, sin tener para ello que vender su trabajo a los detentadores de los medios de producción ni tener que comprar bienes y servicios a terceros. La lucha sería contra el valor de cambio, por la reivindicación del valor de uso del tiempo. Sin embargo,  el sindicalismo tradicional no está por la abolición del trabajo, está para defenderlo. Y más si los que la agitan son los pocos profesionales (lo que más ganan entre los trabajadores) o simplemente los que lograron obtener uno en una sociedad del desempleo. A esto hay que sumarle que estos trabajadores no profesionales son reducidos por la automatización a complementos de la mercancía que ni siquiera se identifican con el trabajo y, por lo tanto, con la clase obrera,  Ahí radica una de las contradicciones más sutiles de cómo el marxismo tradicional encara la coyuntura actual de la crisis terminal del capitalismo, que trae en la cola emponzoñada un colapso descomunal de la civilización. ¿Cómo vamos a luchar por el socialismo teniendo como punta de lanza solo mantener los puestos de trabajo, cuando son esos mismos puestos de trabajo el problema central de la degradación ambiental y psicológica de los humanos?

En la serie, los restos de humanidad que sobrevivieron entendieron que la fábrica debía destruirse, eran esos restos o la fábrica. Con el nivel de derroche, contaminación, depredación y alienación que hoy produce la fábrica moderna en la realidad,  la vanguardia obrera está  un paso atrás de aquellos personajes de ficción ideados por Philip Dick; si pensamos que las fábricas solo hay que expropiarlas, cuando en realidad hay que destruirlas en su mayoría por los daños que traen consigo y que amenazan con extinguirnos, es que no hemos entendido nada del momento peligroso en que transitamos o porque subestimamos el problema. Pero como poco y nada se está haciendo para idear un mundo sin fábricas, donde el militante y activista, que dicen ser los más conscientes de la clase obrera, reducen sus papeles a levantar consignas del siglo XX, donde los daños a los ecosistemas, la escasez de agua y recursos no estaban ni en las charlas de café, ¿qué podemos esperar? Los jinetes del marxismo optimista creen sin embargo que las catástrofes que le anticipa la ciencia  solo se dan en las películas por el momento; los marxistas menos fanatizados, por nuestra parte, creemos que los Philip Dick tienen más argumentos y mejores estrategias para intentar comprender por qué vamos a caer en un embudo y qué es lo mejor que podemos hacer si es que queremos tener alguna oportunidad. Así como Pirandello pensó que habían personajes de ficción que buscaban un autor que representara su historia en una obra, creo también que estos personajes de Dick nos están  buscando para ser representados en nuestra obra -espero  que no sea póstuma.

sábado, 27 de enero de 2018

La ciencia le pone el cronómetro en la mesa a la izquierda anticapitalista



Frente al inexorable declive del petróleo, hay distintas posiciones. Los que lo reconocen pero no están pensando en cómo resolver los problemas futuros, los que no lo reconocen directamente y los que reconociéndolo están anticipándose en idear respuestas a este enorme estallido que significará la pérdida irremediable de disposición de la energía para la supervivencia de la vida humana. 

Los dos primeros casos, los inmediatistas (aquí entra la mayoría de la izquierda anticapitalista) y los negadores respectivamente, no interesan para el análisis, más que para criticarlos por su silencio cómplice frente a la demencial situación que nos lleva el capitalismo. En el último grupo están estos científicos, como los del artículo, que hacen previsiones a través de modelos de proyección basados en investigaciones de décadas, para pensar de cuánto tiempo y recursos disponemos para cambiar la matriz energética en lo que pronto llamaremos mundialmente transición energética inevitable. 

Para estos científicos, dicha transición será de una exigencia más que importante (con capitalismo en pie sencillamente estamos muertos) : 

"De acuerdo con nuestras estimaciones, el coste energético de todas las infraestructuras que tendrían que soportar la transición renovable que se necesitarían en los próximos 25 años es de 160.500 millones de barriles equivalentes a petróleo. Teniendo en cuenta que hoy en día se consumen unos 35.000 millones de barriles al año, esta cantidad es bastante impresionante, ya que representa unos 5 años de la producción total de petróleo actual (asumiendo que ésta fuera energía neta, que encima no es el caso). Expresado en términos diarios, el coste energético de la transición representaría 17,6 millones de barriles diarios durante los próximos 25 años, lo cual es obviamente muchísimo (es aproximadamente el 22% de la energía neta de todos los líquidos del petróleo que se producían en 2015)".

Si reconocemos que la proyección que hacen estos científicos es correcta, la pregunta que debemos hacernos los revolucionarios es ¿podemos continuar defendiendo un programa político que no tiene integrado la caracterización de lo que más arriba se afirma? La comunidad científica ya en este preciso momento nos está poniendo el cronómetro para la toma del poder, y nos está obligando a prepararnos para una transición histórica, monumental, jamás vista, que de no hacerla  todo estará liquidado. Los anticapitalistas que dicen que el socialismo nos traerá como por arte de magia la remodelación absoluta de la matriz energética a través de las energías limpias, deberían ponerse a trabajar desde ahora, porque no habrá socialismo si seguimos siendo derrotados en cada lucha que damos. Tendremos que reeducarnos todos para lograr adaptarnos a la nueva realidad donde la energía escasa será la norma. Pensar que recién cuando tomemos el poder los trabajadores nos pondremos a ver cómo nos organizamos es un despropósito con semejante realidad al acecho. 




http://crashoil.blogspot.com.ar/2018/01/la-transicion-renovable-en-un-escenario.html

viernes, 19 de enero de 2018

Como decía Marcuse, el socialismo postindustrial será femenino o no será


Con una mayor aceleración de la entropía planetaria, se hace necesario repensar la sociedad posindustrial que deberemos construir. En una sociedad así, la racionalidad económica no puede ser la guía como ha venido siendo en nuestras sociedades occidentales. La búsqueda de actividades autónomas y de valores no económicos deberán ser el norte de esa construcción. Mientras que hoy algunos defienden abandonar los hogares para cambiar el mundo vía salario de por medio, con una sociedad en colapso tal consigna perderá todo su valor. En este preciso momento, el planeta exige una revolución no solo política, sino cultural. Empezar a desmarcarse de los principios de la competencia, acumulación y rendimiento para comenzar a poner en ejercicio los de reciprocidad, ternura, gratuidad y amor a la vida en todas sus formas, es base y condición sine que non para aquella sociedad del futuro. Y la que mejor puede ayudarnos a los humanos en las próximas décadas de crisis total es como dice Alain Touraine, la mujer:

“El movimiento feminista es un movimiento de liberación no de las mujeres sino de los hombres por las mujeres. En efecto, uno de sus aspectos más importantes, es que se opone a los modos financieros y militares, al poder del dinero y de los grandes aparatos, y que reivindica en nombre de una voluntad el organizar su propia vida, de trabajar relaciones personales, de amar y ser amada, de tener un hijo.
De todos los movimientos, es el movimiento feminista el que mejor resiste la creciente influencia de las grandes empresas sobre nuestra vida cotidiana. Solo las mujeres han preservado en ellas lo que el poder machista dominador aplasta en los hombres. Debido a que han sido totalmente excluidas del poder político y militar, las mujeres han logrado mantener vivas las capacidades relacionales que han sido amputadas a los hombres por los aparatos – o que los hombres mismos se han amputado en beneficio de estos.

Gracias al movimiento feminista, los hombres hemos ya recuperado algunos derechos en lo que se refiere a los sentimientos, a las relaciones con el hijo, etc. Y esto que es ante todo una defensa cultural puede devenir una lucha propiamente social y política contra este mundo de managers y empleados, contra esta vida en la que uno se pregunta finalmente si sirve para algo más que hacer funcionar la máquina”. 

Los signos irrefutables del colapso


Ciudad del Cabo es la primera ciudad ostentosa que empieza su agonía hacia el colapso. Millones de personas que vivían en el confort de una sociedad moderna comienzan su "guerra" por el agua. Si bien esta guerra por el líquido vital no es nueva, porque muchos desclasados del mundo ya lo vienen haciendo hace tiempo, lo significativo de este hecho es que se inicia un proceso de disputa mundial de todas las clases sociales por el agua y que, además, pondrá en desarme a enormes ciudades como la de Ciudad del Cabo, que por su ubicación y las condiciones que impone el cambio climático no tiene esperanza de sobrevivir. Esto provocará guerras internas y expulsiones y muertes, previas a la muerte misma de esta ciudad. Si esto no es el comienzo del colapso ¿qué es? Más nos vale que tomemos conciencia de que ya no son amenazas, son los primeros ladrillos del inicio del derrumbe.

https://www.bbc.com/mundo/amp/noticias-internacional-42742476

martes, 16 de enero de 2018

Se viene el internacionalismo de la contaminación plástica



China a sabiendas de la terrible situación de contaminación que implica el reciclaje de plásticos ha determinado en este enero de 2018 dejar de importar un gran porcentaje de basura extranjera. Si sabemos que China importa nada menos que la mitad de mugre plástica del mundo (10 millones de toneladas solo en 2017), imaginemos el colapso de los vertederos "tradicionales" de los países de origen basural. El aumento de la contaminación de nuestros países es un evento inevitable, entre otros problemas que acarrearán el proceso de reciclaje de este tipo de desechos. 

¿Qué pasaría si China dejara de exportar todo el plástico residual que el mundo capitalista le vive agradeciendo? Simplemente cada país tendría que buscar (forzar a) nuevos países o sus propias regiones geográficas que ofrezcan trabajo esclavo e insalubre para reciclar, aumentando la contaminación en forma más expansiva que la que hacía China en su espacio y con su pueblo. Una especie de internacionalismo de la contaminación plástica. 

Mientras el capitalismo siga con su lógica del consumo serial y de derroche, se nos van acortando las verdaderas chances de no ahorcarnos como especie. Nuestra sociedad colapsa frente a nuestros ojos cada dia con cada nuevo problema, donde el sistema ya  no le estarían quedando elementos suplentes para sostenerlo. Si el capitalismo continúa esta década, o nos vamos muriendo contaminados con las nuevas plantas recicladoras o nos ahogamos con la basura plástica. 

https://crashoil.blogspot.com.ar/2018/01/el-tsunami-de-plastico.html

miércoles, 10 de enero de 2018

El manifiesto del Unabomber se está volviendo más útil que el manifiesto comunista


17 años tuvo a la FBI en zozobra, un solo profesor en una cabañita desolada en Montana. Desde allí libró una importante y efectiva batalla cultural al capitalismo industrial. Logró sin ayuda de nadie, algo que las organizaciones anticapitalistas que con todos sus recursos no pudo ni puede, que le publicaran en los dos diarios más importantes del imperialismo, el New york times y The washington post, un documento que destroza a la sociedad industrial toda.
Theodore Kaczynski, apodado el Unabomber por la CIA, además de dejar en ridículo al servicio de inteligencia más poderoso del planeta, aportó para el debate político mundial algunas cuestiones más que trascendentales para la época en que transitamos. Una de ellas es qué debe hacer la sociedad con la tecnología. El capitalismo dice que hay que seguir desarrollándola en beneficio del capital; un grueso de los anticapitalistas dicen que también hay que profundizarla, pero en beneficio de los obreros. Kaczynski, sin embargo, acercándose a los postulados de los primitivistas, afirma con argumentos bastante sólidos que ninguna de esas opciones nos salvará del desastre, porque la técnica es parte del problema. La salida vendrá, aunque con problemas también, solamente destruyendo la tecnología (una especie de “muerte a la tecnología”). Esto quiere decir, que el uso de la tecnología supone un control progresivo de las libertades humanas y de sus recursos en aras de su perfeccionamiento, un círculo vicioso imposible de superar si es que realmente se pretende organizar la sociedad en base a la tecnología.  Dicho de otra forma, las sociedades dependerán cada vez más no de sus individuos, sino de lo que las técnicas decidan, de lo que el sistema organizativo plantee como efectivo. Algo que la mayoría de la izquierda mundial pasa por alto, y que además tiene como herencia un legado que corrobora este uso alienado de la tecnología (por ejemplo, El Mar de Aral en manos del socialismo ruso). Esta situación  ya se da a escala global, donde la gente vive para el sistema y no al revés. 
En el manifiesto hay interesantes pinceladas temáticas que sirven para ayudar a caracterizar el precolapso, que van desde los límites de la sociedad industrial,  cómo funciona la izquierda y sus gruesos problemas de incomprensión de la situación planetaria, hasta la tan relegada problemática de la psicología de las masas y su vínculo con la política. En fin, un texto para leer con atención, por el grado de compromiso de su autor y la enorme coherencia y lucidez con que se analizan los verdaderos problemas de la humanidad.


sábado, 6 de enero de 2018

No es el frio o el calor lo que nos está matando, es el capitalismo y sus consecuencias ecológicas


15.000 científicos alertan de que el colapso es inevitable, pero seguimos creyendo que todo seguirá igual. Vamos al matadero directo como bacas, pero nuestras ideas y políticas siguen adaptándose a un mundo que está por desaparecer por completo.  La urgencia es tal que quizás los problemas que se nos vienen encima nos amenazan con hasta aniquilar el propio sentido común. ¿Cuánto debemos esperar para que las organizaciones políticas se pongan a discutir el tema? ¿Cuántas firmas y estudios se necesitan para entender que con estas formas de lucha política que se vienen sosteniendo autistamente no vamos a logar más que contribuir con nuestra extinción?  

http://scientistswarning.forestry.oregonstate.edu/sites/sw/files/Spanish_Version_11-13-17.pdf

martes, 2 de enero de 2018

Michael Ruppert, un ex policía que sabía lo podrido que estaba el sistema más que cualquier zurdo




Michael C. Ruppert, fue un policía norteamericano que luego de transitar por la doble cara de la institución policíaca, la que se presenta como honesta frente al público y a sus agentes,  y la que es en el plano de realidad,  la corrupta, se convirtió en un periodista de investigación al no poder manejar esas contradicciones. Comienza allí su aprendizaje sobre el colapso. 



El documental en cuestión es una larga entrevista a Ruppert, quien presenta un argumento sólido y contundente (como devastador) de la verdadera situación mundial de la energía y la necesidad urgente de prepararse para enfrentar la caída abrupta de toda la civilización.  



Hay algunas consideraciones destacables y que abren el debate. Por ejemplo, la que gira en torno a las tareas de los partidos políticos en un escenario de declive energético, que para Ruppert ya mismo estos, de izquierda a derecha, debieran ser arrojados el basurero de la historia. En ese sentido, creo que si nuestros partidos políticos hoy no se sientan a discutir seriamente sobre un nuevo plan de acción que tome en cuenta que en los próximos años no tendremos una sociedad organizada como lo está hoy, le terminarán dando la razón a Ruppert. Otra consideración es la de cómo plantear (en qué términos) el tema del colapso cuando el destinatario solo está preocupado por cuestiones inmediatas. La anécdota de Ruppert sobre esto último vale más que mil ejemplos : ´cuando yo estaba explicando mi teoría apocalíptica alguien me gritó: “bájate de ahí que necesitamos la madera”, como si yo fuese un mesías clavado en una cruz´. Ahí radica un problema muy recurrente en la izquierda anticapitalista, que tiene que ver con presentar a todo aquel colapsista como antimarxista y como iluminado (peyorativamente)  por el solo hecho de argumentar las limitaciones del reduccionismo interpretativo de la ortodoxia partidaria, cuando los partidos autoproclamados anticapitalistas contribuyen también -indirectamente- a depredar ("necesitamos la madera") los recursos con sus claudicaciones, traiciones, políticas insuficientes o incorrectas, manteniendo de alguna forma la maquinaria industrial y destructiva capitalista. Por último, la metáfora que utiliza Ruppert para hipotetizar lo que habrá que hacer cuando el colapso muestre su peor rostro es perturbador pero no por eso menos posible: “Si estás en un camping y un oso ataca no necesitas ser más rápido que el oso. Te basta con ser más rápido que el más lento de los campistas”. Como bien lo expresa Ruppert, nadie, ni siquiera la organización mundial podrá cambiar las leyes físicas. La entropía hará su trabajo muy a pesar nuestro y, en ese sentido, lo único que podremos hacer es organizarnos localmente para idear la supervivencia.




viernes, 29 de diciembre de 2017

La crisis de la civilización no puede analizarse solo desde el marxismo


Uno de los problemas a los que enfrenta el hombre político es la perspectiva desde donde se pretende ubicar para el análisis. Las crisis han venido siendo los momentos clave para poner en práctica los dispositivos múltiples para operar políticamente en la realidad. Si para todas las anteriores los análisis han devenido en yerro permanente, salvo contados casos, es de suponerse que para la madre de todas las crisis, el colapso de la civilización, los resultados serán aún peores.
Es necesario incorporar nuevas variables (que son fundamentales y determinantes incluso) para los proyectos políticos futuros. No se trata de pensar el socialismo solamente desde los libros de Marx o de los rusos de siempre, se trata de comenzar a inspeccionar las verdaderas posibilidades de construir un socialismo a lo ruso, cuando el escenario que se aproxima no tendrá para nada  las condiciones que hace cien años había. La perspectiva que tenían aquellos hombres de la política revolucionaria no puede ser de ninguna forma la nuestra. Se han sumado en el camino de nuestros fracasos unos "problemitas" importantes que deben considerarse  con el riesgo de que todo nuestro proyecto político se esfume para siempre. Hoy no se trata solamente de incluir a los excluidos, de dar de comer a los hambrientos, de dar tierras a los desposeidos, es eso y "algo" más. Las condiciones para la vida se vienen reduciendo a escalas nunca antes vista, debido a un proceso de autoliquidación que propuso el sistema económico capitalista,  pero que también inició paralelamente un proceso de liquidación de otros sistemas, los ecosistemas. El pensamiento socialista ya no puede creer que la promesa de ese mundo soñado por varias generaciones ya,  está a la vuelta del derroque del capitalismo. No, no lo está para nada. El mundo se enfrentará a otras degeneraciones del capitalismo sin lugar a dudas, antes que se logre construir un socialismo como los socialistas ideamos en nuestras convicciones, si es que algo así puede hacerse ya con estos umbrales casi superados. Esto a raíz de la complejidad colosal de la crisis civilizatoria, que va desde la inestabilidad eterna de la economía de aquí en más, el  drama de la inmigración mundial a causa de la crisis ecológica, el terrorismo como salida desesperada, la pérdida progresiva de la energía, así como las ya históricas rebeliones políticas que no cesarán más.

Este documental, bastante básico por cierto, sirve para aquellos iniciados en la cuestión del perspectivismo político. Para arrancar y arrancarse los yugos ideológicos de toda clase, que no dejan operar el pensamiento multidisciplinario (lease aquí antisectario).  


jueves, 28 de diciembre de 2017

La tasa de retorno energético, el principal causante de las próximas revoluciones


La Tasa de Retorno Energético (TRE) es el cociente entre la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía empleada para lograr explotar aquella. Cuando se iniciaba la explotación de los primeros pozos petroleros, la TRE era de 100: 1, hoy ronda por el 18:1. Esto quiere decir que la extracción del petróleo se está volviendo absurda en términos económicos al estár gastando más energía que en producirla. Este deterioro de la TRE no solo está llevando a la bancarrota a la industria petrolera, sino que está inflando una deuda que ya es astronómica y que de explotar provocará un gigantesco colapso del sistema. 

El caso de los países exportadores (extractores) de petróleo en Oriente Medio es todo un proyector anticipado de lo que puede significar el curso de estas décadas para la humanidad. La situación desesperante ya no de una parte de la población, sino de casi la totalidad de sus habitantes obliga a salidas  bárbaras (ISIS es un ejemplo) frente a un panorama desolador, sin estrategias claras y sin preparación para reacomodar toda una organización social en decadencia.

Nafeez Ahmed publicó en su libro Estados fallidos, sistemas en colapso (2016) un importante análisis de la situación del petróleo en Medio Oriente y que se vuelve imprescindible para pensar en contexto todas las luchas del mundo. Aquí unos punteos.


  •  En varios países la producción de petróleo ha llegado a su cénit, y el retorno de energía de la extracción de petróleo está cayendo. Por tanto, sus ingresos por la exportación de petróleo se están reduciendo.
  • En las últimas décadas el aumento de la población ha explotado, debido básicamente a décadas de ingresos abundantes procedentes de la exportación de petróleo. Entre 1960 y 2014 la multiplicación de la población en Yemen, Arabia Saudí, Irak, Nigeria, Egipto, India y China ha sido de x5,5, x4,6, x5,3, x4,2, x3,4, x3,0 y x2,1 respectivamente.
  • Se ha acelerado el deterioro de los recursos de tierra, agua y alimentos. Si el uso de agua per cápita se encuentra por debajo de los 1.700 m3 por año, es que existe estrés hídrico. El cambio climático empeorará esta situación.
  • Por lo tanto, una parte cada vez mayor de los ingresos del petróleo tiene que dedicarse ahora a importar alimentos.
  • Cantidades crecientes de petróleo tiene que ir a uso interno, reduciendo la cantidad disponible para exportar a los grandes países consumidores de petróleo.
  • En muchos de los grandes países exportadores estas tendencias probablemente van a eliminar, prácticamente, las exportaciones de petróleo en una década aproximadamente, incluída Arabía Saudí.
  • Estos países —básicamente desérticos— no tienen nada más con lo que conseguir ingresos vía exportación excepto arena.
  • La caída de los ingresos del petróleo supone que los gobiernos serán capaces de proporcionar menos cosas a su gente, por lo que tienen que recortar los subsidios y elevar los precios de alimentos y energía.
  •  Estas condiciones están produciendo un descontento creciente con el gobierno, agitación civil y conflictos entre tribus por la escasez de agua y tierra. Se alimentan los conflictos religiosos y sectarios. El paro, los hambrientos y desesperados campesinos y la juventud tienen pocas más opciones que unirse a grupos extremistas como el ISIS, donde al menos son alimentados. Nuestros medios de comunicación ignoran las condiciones biofísicas que están generando conflictos, refugiados y la opresión por parte de los regímenes, dando la impresión de que los problemas se deben solo a los fanáticos religiosos.
  • El FMI empeora la situación. Los estados fallidos piden asistencia económica y se encuentran con la receta estándar: más préstamos a sumar a una deuda ya imposible, otorgados con la condición de que orienten su economía a la devolución de los préstamos más intereses, imponiendo “austeridad”, privatizando y vendiendo sus valores.
  • El autoritarismo y la corrupción de las élites locales empeoran las cosas. Los gobernantes necesitan ponerse duros ante las perturbaciones y forzar a apretarse el cinturón. Los ricos no permitirán que se reduzcan sus privilegios para apoyar la reasignación de recursos a las masas necesitadas. La ideología capitalista dominante se opone a la “interferencia a las fuerzas del mercado”, esto es, a la libertad de los ricos para “desarrollar” lo que sea más beneficioso para ellos.
  • Se produce, por tanto, una espiral descendente viciosa de la que parecería que no hay salida, porque se debe básicamente al agotamiento del petróleo en un contexto de demasiada gente y pocos recursos de tierra y agua.
  • Habrá, como mínimo, grandes repercusiones sobre la economía mundial y los países ricos (consumidores de petróleo), probablemente en el marco de una década a partir de ahora (2017-2027). Es bastante probable que la economía global colapse a medida que la capacidad de importar petróleo se reduzca en gran medida. Cuando se añada la fragilidad del sistema financiero global (recordemos: la deuda es ¡6 veces el PIB!), es muy probable un hundimiento caótico instantáneo.
De corroborarse cada uno de los puntos, estaríamos a punto de asistir a un hecho histórico, a la caída de nada menos que la civilización occidental. Hecho que de no tomárselo en serio, nos colocará en meros observadores-víctimas de un futuro apocalíptico a raíz de la magnitud e influencia del problema a escala global. 

jueves, 14 de diciembre de 2017

6 grados que cambiarán al mundo

Un resumen de lo que los científicos proyectan para las próximas décadas, lo cual puede ser peor y de forma más acelerada de no hacerse nada al respecto.

http://www.eldesconcierto.cl/2017/12/13/6-grados-que-cambiaran-al-mundo-la-derecha-neoliberal-y-la-izquierda-marxista-ante-el-colapso-del-capitalismo/

Convergencia Socialista para el Combate se suma al debate más importante que tendrá el marxismo en toda su historia

La izquierda marxista va comprendiendo lentamente la crucial tarea de discutir la centralidad de la crisis ecológica y el inminente colapso de la civilización occidental. Aquí Convergencia Socialista para el Combate, más arriba y más a la izquierda que muchos otros partidos anticapitalistas argentinos.

http://convergenciadecombate.blogspot.com.ar/2017/12/trotsky-contra-gramsci-el-problema-de.html

jueves, 7 de diciembre de 2017

La humanidad y su responsabilidad en el camino a la barbarie.

La madre naturaleza no puede corromperse nunca, es impoluta. Aunque la sometan a los más crueles tratos, a pesar de que observe estupefacta como de un magnífico sistema cosmológico surgen actos increíblemente irracionales de seres vivos racionales (la capacidad, la tienen), aunque sienta el dolor de que no la aman y la tomen como un mero soporte para la vida de los demás, ella, la madre naturaleza, sigue su marcha con total fidelidad a sus principios universales, de generar las condiciones para la vida y la armonía, tapando agujeros, parchando los daños de otros, buscando siempre que todo no se desmadre, porque ella también necesita vivir.
Hasta ahora la tierra ha venido dándonos infinidad de oportunidades para vivir en consonancia con los presupuestos ecológicos, sin embargo, en estos dos últimos siglos estamos gastando todos los cartuchos en balearla por todos sus costados, y la madre tierra se desangra.

Son los humanos los que se funden en la corrosión del tiempo y sus decisiones políticas, los que adelantan su muerte y la de los otros. Son los hombres los que han creado a todo tipo de dioses y que adoran todo tipo de aberraciones con sus pensamientos religiosos cada vez más decadentes.  Esa es nuestra historia y la de esta impresionante película de Darren Aronofky , una  brutal poética de la historia de la humanidad, como la del soporte heroico de la Madre tierra. Una muestra artística de lo que será la barbarie apenas nuestra madre así lo disponga. Amén.